El auge de la inteligencia artificial ha transformado numerosos aspectos de la vida cotidiana, pero también ha traído nuevas preguntas sobre su impacto ambiental.
Según estudios recientes, el entrenamiento y uso de grandes modelos de lenguaje requieren una considerable cantidad de recursos, entre ellos, agua. Esta se utiliza principalmente para enfriar los centros de datos donde se alojan los servidores que permiten el funcionamiento de la IA.
Un informe de 2023 elaborado por investigadores de la Universidad de California en Riverside estimó que entrenar modelos como GPT-3 puede consumir cientos de miles de litros de agua, mientras que cada conversación corta con ChatGPT podría implicar el uso indirecto de medio litro de agua, dependiendo del lugar y la época del año.
OpenAI ha reconocido estos desafíos y ha expresado su compromiso con mejorar la eficiencia energética e hídrica de sus operaciones. La empresa afirma que está explorando tecnologías más sostenibles y colaborando con centros de datos que usan energía renovable y sistemas de refrigeración avanzados para minimizar el impacto ambiental.
A medida que la inteligencia artificial se integra cada vez más en la vida diaria, aumenta la importancia de comprender y gestionar su huella ecológica. Para los usuarios, esto abre la puerta a un nuevo tipo de conciencia digital: no solo sobre el uso de datos, sino también sobre el consumo de recursos naturales.
Félix Eduardo Cañizalez